El proceso histórico del Sonko Charango data de 1970. Durante mis estudios en la  universidad de música de Berlín, como compositor pude detectar una serie de limitaciones sonoras y de tesitura musical que limitaban al instrumento tradicional, haciéndose muy compleja su interpretación, para abarcar registros de partituras más amplias en tesitura.
Así fui paulatinamente insertando una serie de variaciones en las cuerdas para ampliar su registro, con algunos elementos del ronroco para ampliar su capacidad armónica y melódica sin cambiar el timbre original.

La primera presentación la realicé en el congreso de charanguistas de Potosí,  en una conferencia que respaldaba la parte teórica, para su aplicación, con el apoyo del constructor Jorge Laura, donde se mostró el primer modelo todavía con 10 cuerdas. Desde entonces se han efectuado reformas al instrumento, llegando a tener 13 cuerdas, para lograr un equilibrio sonoro tonal y los requisitos necesarios para ampliar su tesitura en más de una octava de la que actualmente posee.
Esto facilita la gran posibilidad de interpretar cualquier tipo de música del género mundial en forma original, sin tener que cortar el flujo melódico sin restricción armónica ni contrapuntística. Lo he denominado "sonko" debido a que por su registro y tamaño en construcción dentro del espectro armónico resuenan las voces internas de la armonía muy similares a las que llevan las violas en la orquesta sinfónica. Estas tienen un carácter bastante peculiar por el color mate y corazonal que llevan la tensión y afinación de sus cuerdas.

Este aporte está debidamente patentado en el ministerio de industria y comercio de Bolivia y enriquece más a toda la gama de charango del patrimonio nacional boliviano.

 

Descripción del instrumento

El  charango sonko de 13 cuerdas consiste en:
 
1. Dos cuerdas primas,
2. Dos cuerdas segundas,
3. Tres cuerdas terceras con su octava,
4. Tres cuerdas cuartas con su octava,
5. Tres cuerdas quintas con su octava,
 
su afinación básica no difiere del charango tradicional, pero por su tamaño la primera cuerda se afina en do #.   Esto se debe al mayor tamaño de su diapasón,  que permite una digitación y volumen de sonido más grande.
Otra razón  que me impulsó a tomar este tono como punto angular de afinación fue la de buscar un punto real en la tónica de raza de nuestros pueblos originarios de indoamérica, la cual en su herencia más viva se manifiesta en la zampoña, instrumento por excelencia que tiene como centro cultural gravitacional a la provincia Bautista Saavedra, específicamente en la cultura ancestral callahuaya.
Allí las diferentes taquiñas o tamaños de estos instrumentos son afinados en: mi bemol, fa, do#, que es esta ultima la que tiene directa relación con la tesitura de voz de los pueblos andinos.
No olvidemos que el charango urbano afinado en mi o la 440 es una afinación con un punto de relación con las culturas europeas, que no guarda relación  con la identidad sonora andina. Esta razón me impulsó a buscar una afinación aplicable al psíquico andino y encontrar una expresión sonora más acorde con nuestra tradición e identidad cultural.
Dentro de la amplia gama de afinaciones aplicable a diferentes clases y épocas de música, entre las principales he denominado las afinaciones callahuayas, aquellas que en sus cuerdas dobles no solamente se octavean o se duplican al unísono, sino que existe una afinación en relación al intervalo de cuartas y quintas justas. Lo que se pretende con estas nuevas afinaciones es dar una posibilidad más amplia sonora y armónica a los intérpretes y compositores, al mismo tiempo el instrumento logra ingresar en la escala internacional .
En forma más completa este instrumento fue presentado en el congreso y encuentro internacional del charango realizado en Cochabamba en el año 2003.

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